Mitin del PP, Alcalá de Henares. El Follonero, humorista y dilatador de llagas, se enfrenta a una masa arrugada de virulentos seguidores de la derecha más reaccionaria sin más escudo que la espuma de la SER que envuelve su micrófono. Si no hubiese cámaras delante, los asistentes sustituirían sus pancartas y banderas por antorchas y cadenas. “¡Quemad al rojo, es una bruja!”. Bienvenidos a Salem muchachos, no olvidéis guardaros un trozo de cristal en el bolsillo por si las cosas se complican.
Lo primero que pensé tras ver el vídeo fue en el bonito recuerdo que se llevaría Jordi Évole de mi ciudad. No sé si su presencia en Alcalá fue fortuita o estudiada, pero parece más probable la segunda opción. Me es fácil imaginar al equipo de El Terrat reunido, buscando delante del mapa de España la ciudad con el índice más alto de nostálgicos de la dictadura y apuntar unánimemente la ciudad referencia del este de la comunidad madrileña. Pasarían por alto Valladolid.
El Follonero quiso meterse en la piel de un reportero de la popular radio propiedad de Prisa e introducirse en un ambiente hostil para descubrir si el arsénico de verdad hace daño. Plomo para su cuerpo, carne para su programa. Sabía a lo que se exponía, y aún así dejó que las cosas fluyeran solas, sin provocaciones, dejando que los ataques llegaran a él sin que abriese la boca. Y el pez mordió el anzuelo. En este caso, la piraña.
Por un momento parecía el sustituto idóneo de aquella estrella fugaz televisiva llamado El cómico suicida, sin embargo y estableciendo comparaciones, aquí la sensación de peligro y desamparo me era más cercana porque quienes concentraban su odio hacia el showman de la Sexta eran los mismos que daban de comer a las palomas en mi barrio. Abuelos hostigando y recriminando al Follonero sin que éste sacase a relucir su pólvora. No le dio tiempo. Los habitantes de mi condado disparan y luego preguntan, y eso sin saber quién era realmente porque le tenían por un periodista de la SER.
Al margen del conflicto, me llamó la atención la numerosísima afluencia de gente mayor que inundaba el mitin. Es más, no vislumbré a ninguna persona menor de cuarenta años en todo el reportaje. ¿Son estas personas la primera fila del ejército del odio? ¿Qué ocurrirá cuando esta generación desaparezca? ¿Sustituirán a esta masa de locos ? Por supuesto. Doy por hecho que se habrán ocupado de plantar su semilla y de criar a sus cachorros para que se comporten como ellos. Morded perritos, id a por el palo.
La hidra de la política más radical se reproduce como la gripe, y aunque sus cabezas caigan siempre aparecerán otras nuevas que lleven la voz cantante. Si creéis que existe solución, haceos con una de sus antorchas y quemad el orificio que deja su decapitación; así acabó Hércules con el monstruo. Sin embargo, la alternativa al conflicto dialéctico y físico se presenta más interesante. Que muestren sus carencias. Desnudad su moral con astucia, que se refugien en el silencio ante acusaciones fundamentadas. Es preferible despojarles de sus armas antes que batirse en duelo, dejarles en evidencia a patearles en el metro. Que ceda su telón y la sociedad aprenda a no acercarse a algo que huele a podrido. Que los niños no toquen la caca para que no se ensucien. Desabastezcamos su regimiento quitándoles las caretas.
No creo que la maldad pueda extirparse del ser humano, así que mejor desmantelar que destruir. Eso sí, no nos vayamos a equivocar de cables.
Y por supuesto, meteos las etiquetas por donde queráis; hablo de la locura y no de la guarrería que guardan bajo la alfombra los partidos políticos. Sacad a los desquiciados de las calles, se pinten la cara de rojo o de azul, lleven rosas o vuelen. Lo que sucede es que en mi ciudad de cigüeñas son las gaviotas quienes empapan mi cabeza, así que los tiros en este caso van al aire.
¡Plato!
domingo, 9 de mayo de 2010
Aquellos de los que no hablamos
"¿Quieres saber por qué te he reconocido? Algunas personas, sólo unas pocas, despiden un ligerísimo color... es tenue, una neblina, es lo único que veo en la oscuridad."
"A veces no hacemos cosas que queremos hacer para que los demás no sepan que queremos hacerlas"
"Existen secretos en cada rincón de este pueblo. ¿No lo sientes? ¿No lo ves?"
"A veces no hacemos cosas que queremos hacer para que los demás no sepan que queremos hacerlas"
"Existen secretos en cada rincón de este pueblo. ¿No lo sientes? ¿No lo ves?"
The Village (El Bosque)
de M. Night Shyamalan
Genialidad de película.
de M. Night Shyamalan
Genialidad de película.
jueves, 11 de marzo de 2010
En la niebla del aula
Las serpientes se despertaron por culpa de los gorilas, quienes hacían demasiado ruido jugando en la profundidad de la selva.
Molesta y enrabietada, como una peluquera adolescente tras perderse Gran Hermano, la víbora mayor intentó inyectar su veneno de segunda categoría en el cuello de los primates. Quería introducir las toxinas de su griterío en sus agitadas venas, que convulsionaran para conseguir un gesto de arrepentimiento.
Pero la piel de los gorilas era demasiado gruesa.
No hubo pinchazo, ni glóbulos rojos derramados. Los peludos animales admitieron su infantil conducta, para luego mirar de arriba a abajo a sus siseantes amigas y dedicarles un humillante giro de espalda.
Total, sólo se trata de unas insignificantes serpientes. Qué sabrán ellas de golpearse el pecho con los puños, de enseñar los dientes con cada grito de guerra.
Son las leyes de la selva, establecidas por un mundo imperfecto.
Acostumbraos, serpientes.
Molesta y enrabietada, como una peluquera adolescente tras perderse Gran Hermano, la víbora mayor intentó inyectar su veneno de segunda categoría en el cuello de los primates. Quería introducir las toxinas de su griterío en sus agitadas venas, que convulsionaran para conseguir un gesto de arrepentimiento.
Pero la piel de los gorilas era demasiado gruesa.
No hubo pinchazo, ni glóbulos rojos derramados. Los peludos animales admitieron su infantil conducta, para luego mirar de arriba a abajo a sus siseantes amigas y dedicarles un humillante giro de espalda.
Total, sólo se trata de unas insignificantes serpientes. Qué sabrán ellas de golpearse el pecho con los puños, de enseñar los dientes con cada grito de guerra.
Son las leyes de la selva, establecidas por un mundo imperfecto.
Acostumbraos, serpientes.
Palabrería
Sí, he quitado el contador de visitas. Y no, no se debe a que no pasara de dos dígitos. Simplemente he decidido prescindir de un gadget masturbador de egos que únicamente me servía para recibir un aplauso personal e intransferible cada vez que comprobaba que un número indeterminado de personas había perdido el tiempo metiéndose en el blog. Estúpidas aplicaciones.
Bah, a quién quiero engañar.
Simplemente no hacía bonito, y punto.
Además, ¿de qué me sirve saber cuánta gente entra si no recibo dinero alguno por visita?
Últimamente sueño con que me paguen hasta por dormir.
Necesito un trabajo.
Actualización: he vuelto a instalar el contador de visitas. Estoy muy ciclotímico.
Bah, a quién quiero engañar.
Simplemente no hacía bonito, y punto.
Además, ¿de qué me sirve saber cuánta gente entra si no recibo dinero alguno por visita?
Últimamente sueño con que me paguen hasta por dormir.
Necesito un trabajo.
Actualización: he vuelto a instalar el contador de visitas. Estoy muy ciclotímico.
El circo abre sus puertas
Incurablemente subversivo. Foco de miradas prensadas, de dedos acusadores y susurros en forma de bisturí. Sastre italiano de improperios; imán para las discusiones. Rozando la impertinencia en cada cuadro que descompone. Nocivamente escéptico ante las luces de colores y crítico con esa cuchilla empapada en sangre de Afrodita llamada piropo.
En ocasiones, y por mucho que nos altere el sueño, es preferible dejar a la bestia que ronque antes que despertarla.
viernes, 19 de febrero de 2010
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