Mi dilatada ausencia no ha sido fruto de la casualidad, y el exilio voluntario tampoco sería la respuesta más acertada. Mi ordenador decidió hace un mes darme una
alegría y estropearse, así que hasta que no le han apretado las tuercas no he podido volver a actualizar con asiduidad. Este problema, sumado al correspondiente aislamiento navideño, tienen la culpa de la deserción. Podría haber escrito entradas desde cualquier otro lugar, pero tenía intención de reanudar la marcha del blog desde mi habitación.
¡He vuelto nena!